
Por Cristina Fernández
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha puesto en el centro del debate regional el papel estratégico de los minerales críticos, como el litio, el cobre, el cobalto, el níquel, el grafito y las tierras raras, en la transición energética global y en el desarrollo de la electromovilidad.
Según sus proyecciones, la demanda mundial de estos minerales para tecnologías de energías limpias podría crecer de forma sustancial durante las próximas décadas: hasta 17,1 veces en el caso del litio, 6,5 veces para el níquel, 5 veces para el cobalto, 4,6 veces para las tierras raras y 3 veces para el cobre.
Estas cifras confirman que América Latina y el Caribe ocupan una posición estratégica en la producción de insumos esenciales para la transición energética. Sin embargo, la disponibilidad geológica de estos recursos no garantiza, por sí sola, desarrollo sostenible, bienestar territorial ni legitimidad social para los proyectos.
Como ha señalado la CEPAL, este potencial trae consigo importantes desafíos relacionados con la gobernanza de los recursos naturales, la gestión de las cadenas de valor, la distribución de beneficios y el relacionamiento con los territorios y las comunidades donde se ubican los yacimientos.
El desafío no es solamente extraer, sino construir legitimidad
Desde nuestra experiencia en Inlux Consulting, coincidimos con este diagnóstico: el crecimiento de la demanda de minerales críticos no se traduce automáticamente en desarrollo para los territorios. Ese resultado depende de decisiones concretas y de la capacidad de las empresas, los Estados y las comunidades para construir acuerdos duraderos.
Un proyecto puede ser técnicamente viable y económicamente atractivo, pero enfrentar serias dificultades si no comprende las dinámicas sociales, las memorias territoriales, las expectativas de las comunidades y las relaciones de confianza existentes.
Por eso, la gestión social no debería incorporarse como una respuesta posterior a los conflictos. Debe formar parte del diseño inicial del proyecto, junto con los estudios técnicos, ambientales y económicos. Esto implica desarrollar líneas base sociales y ambientales rigurosas, construir mapas de actores robustos, reconocer las distintas formas de organización territorial y diseñar mecanismos de participación que permitan que las comunidades incidan realmente en las decisiones que afectan su futuro.
La participación no puede limitarse a informar a la población sobre decisiones ya tomadas. Participar significa contar con espacios de escucha, deliberación, respuesta y seguimiento. También significa reconocer que las comunidades poseen conocimientos relevantes sobre sus territorios y que esos conocimientos pueden contribuir a mejorar la calidad de los proyectos.
El territorio no es un espacio vacío
En ocasiones, los territorios son presentados únicamente como lugares donde se encuentran los recursos. Esta mirada reduce su complejidad y deja fuera aquello que no aparece en un mapa geológico: las relaciones sociales, las actividades productivas, los vínculos culturales, los lugares significativos, las expectativas de las nuevas generaciones y las experiencias previas con empresas e instituciones.
Desde la sociología, Pierre Bourdieu mostró que las relaciones sociales se organizan también a partir de distintas formas de capital, no solamente del capital económico. En los territorios, la confianza, el reconocimiento, la capacidad de organización y la legitimidad institucional son recursos fundamentales. Cuando estos elementos se ignoran, aumentan las posibilidades de que aparezcan resistencias, conflictos y rupturas difíciles de reparar.
De manera similar, el pensamiento de Byung-Chul Han invita a reflexionar sobre la pérdida de los espacios de encuentro y sobre la dificultad de construir vínculos cuando la comunicación se reduce a mensajes rápidos, unidireccionales o meramente instrumentales. En el contexto de los proyectos mineros y energéticos, esta reflexión resulta especialmente relevante: no basta con comunicar más. Es necesario crear condiciones para dialogar mejor.
Un relacionamiento territorial efectivo requiere tiempo, continuidad y disposición para escuchar aquello que no siempre es cómodo para la organización. La confianza no se obtiene mediante una campaña de comunicación. Se construye a través de la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, la transparencia de la información, el cumplimiento de los compromisos y la capacidad de responder de manera oportuna a las preocupaciones de las comunidades.
Una transición energética socialmente sostenible
La transición energética representa una oportunidad histórica para América Latina y el Caribe. Puede favorecer nuevas inversiones, impulsar la innovación, fortalecer cadenas productivas y contribuir a la generación de empleos y capacidades locales.
Pero también puede reproducir desigualdades si los territorios productores asumen los costos ambientales y sociales mientras los beneficios se concentran en otros espacios. La pregunta, por tanto, no es únicamente cuántos minerales críticos puede producir la región, sino bajo qué condiciones, con qué participación y para beneficio de quién.
El desafío consiste en evitar que la transición energética se convierta simplemente en una nueva fase extractiva, desconectada de las necesidades y aspiraciones de los territorios. Para ello, se requieren políticas públicas sólidas, instituciones capaces de garantizar derechos, empresas preparadas para gestionar impactos acumulativos y comunidades que participen como actoras del proceso, no como receptoras pasivas de decisiones externas.
La oportunidad para la región es enorme, pero exige una mirada territorial, participativa y adaptativa. Los proyectos mineros y energéticos deberán ser capaces de aprender de los cambios del contexto, revisar sus decisiones y ajustar sus estrategias en diálogo con los grupos de interés.
Solo así la electromovilidad y la transición energética global podrán sostenerse socialmente en el tiempo. La energía limpia del futuro no debería construirse sobre relaciones sociales frágiles, sino sobre acuerdos legítimos, beneficios compartidos y una comprensión profunda de los territorios donde comienza esta transformación.
Fuente: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). (s. f.). Minerales críticos para la transición energética y la electromovilidad: oportunidades para el desarrollo económico con desafíos socioambientales. Naciones Unidas. https://www.cepal.org/es/enfoques/minerales-criticos-la-transicion-energetica-la-electromovilidad-oportunidades-desarrollo
Elaboración: Cristina Fernández, Inlux Consulting. El contenido incluye análisis y reflexiones propias de la autora, elaboradas a partir de la fuente institucional indicada.
