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Banco Mundial, El Poder de las oportunidades: Por qué el acceso universal a la infraestructura reduce la disparidad de género

El acceso al transporte, la conectividad digital y la energía debe ser universal, es decir, estos servicios fundamentales deben permitir a las personas vivir, trabajar y prosperar. Sin embargo, en muchas partes del mundo, la infraestructura dista mucho de ser neutral con respecto al género. Con frecuencia, las mujeres quedan rezagadas porque los sistemas no satisfacen sus necesidades.

Por ejemplo, las mujeres tienden a depender del transporte público para viajes cortos y de múltiples paradas, y a menudo se desplazan utilizando rutas no directas mientras deben ir al trabajo, cuidar de sus hijos y asumir las responsabilidades domésticas a diario. Las mujeres también tienen un 15% menos de probabilidades que los hombres en los países de ingresos bajos y medios de utilizar Internet móvil (i), lo que las priva de oportunidades educativas, servicios financieros o trabajos remotos. El suministro eléctrico poco confiable puede significar que las mujeres dediquen horas adicionales a tareas del hogar, como recolectar agua y leña o preparar alimentos, y que su capacidad para trabajar o estudiar se vea limitada.

Si las mujeres tuvieran un papel idéntico al de los hombres en los mercados laborales, el PIB mundial anual podría aumentar más de un 20 % (i).

Abordar las disparidades de género en la infraestructura puede mejorar la vida de las mujeres y los niños, aumentar la productividad de las empresas e impulsar el desarrollo sostenible.

Transporte

Comprender las brechas de género en el ámbito de la infraestructura

Olevia Afa vive en las afueras de Apia, la capital de Samoa. Hasta hace poco, dependía de los autobuses y taxis para hacer diligencias, visitar amigos o dirigirse a distintos lugares de la ciudad. Este medio de transporte es común en un país donde solo el 27 % de las mujeres tienen licencia de manejar.

“Iba en taxi o autobús, pero tenía algunos problemas”, contó Afa.

“Y es caro”. 

Olevia decidió acudir a la Autoridad de Transporte Terrestre y tomar la prueba de conducción.  

“Pasé la prueba. Ese día estaba muy feliz. Ahora sé manejar un automóvil y me gustaría animar a todas las mujeres a que vengan, tomen la prueba y obtengan su licencia”. 

Las mujeres dependen del transporte público más que los hombres, pero a menudo se enfrentan a obstáculos como el acoso, las rutas inseguras y los sistemas mal diseñados que no consideran sus viajes más cortos y frecuentes. Para hacerse cargo de sus responsabilidades domésticas y relacionadas con la prestación de cuidados, con frecuencia sus patrones de desplazamiento incluyen más “enlaces de viajes” y combinan múltiples paradas en un solo trayecto. Estos desafíos limitan la movilidad de las mujeres y, por lo tanto, su acceso a la atención médica, la educación y las oportunidades laborales.

Además, las mujeres están subrepresentadas en la fuerza laboral del sector del transporte, ya que representan solo el 12 % de los trabajadores de las áreas de transporte y almacenamiento en todo el mundo (i). Esto significa que sus perspectivas suelen ser desestimadas en la planificación y el diseño de los sistemas de transporte. Abordar las brechas de género en el transporte es fundamental para impulsar las oportunidades de las mujeres, liberar el potencial económico de los países y aumentar la equidad en todo el mundo.

En Samoa, el aumento de las licencias de conducir entre las mujeres está creando oportunidades de empleo e incrementando la conectividad y el acceso. Además, los cursos de capacitación ayudan a mejorar la seguridad vial, en beneficio de todos.

Las nuevas oportunidades en el sector del transporte no se limitan a tener una licencia de conducir. Por ejemplo, en Dakar (Senegal), el 43 % de los empleados del nuevo sistema de tránsito rápido por autobús son mujeres, y los puestos de trabajo que más aumentaron fueron las funciones de ventas y los agentes de control. De manera similar, en Quito (Ecuador), el 40 % de los trabajadores son mujeres, incluida la mitad de los cargos directivos.

Con el fin de brindar más apoyo a las oportunidades laborales de las mujeres, el Grupo Banco Mundial y sus asociados crearon recientemente la Red de Mujeres en el Transporte (i). 

Esta iniciativa, que reúne a partes interesadas dedicadas a empoderar a las mujeres en todos los niveles del sector, sirve como un foro para promover actividades de establecimiento de contactos, contratación de personal, intercambio de información, capacitación y oportunidades de tutoría.

Los sistemas de transporte que tienen en cuenta las necesidades de las mujeres pueden transformar la movilidad, aumentar la seguridad e impulsar la participación económica de este segmento de la población.

Con el diseño de una infraestructura de transporte con perspectiva de género, los Gobiernos y otras partes interesadas pueden garantizar que los sistemas del sector presten servicios equitativamente a todos los usuarios. 

Infraestructura digital

Al igual que la infraestructura de transporte, la infraestructura de conectividad digital es un factor fundamental para la participación económica, la educación y la innovación, especialmente en los países en desarrollo. Para lograr un desarrollo inclusivo es crucial cerrar las brechas entre hombres y mujeres en el acceso a las tecnologías digitales y el uso de estas. 

A pesar de los avances mundiales en la reducción de la disparidad de género en el ámbito digital todavía hay 244 millones menos de mujeres que hombres (i) que utilizan internet móvil y cosechan los beneficios de este servicio. África subsahariana y Asia meridional continúan teniendo las mayores brechas de género en materia de internet móvil. Alrededor del 60 % de las mujeres que aún no usan este servicio en los países de ingreso bajo y mediano viven en estas regiones.

Esta brecha digital excluye a las mujeres de la educación, la información, los servicios financieros y las oportunidades de empleo, lo que tiene un impacto devastador en el empoderamiento social y económico de las mujeres, y en la economía en general.

Se estima que 32 países de ingreso bajo y mediano van camino de perder más de USD 500 000 millones en términos de PIB en los próximos cinco años (i) debido a la brecha digital por razón de género, que existe en cuanto a los niveles de acceso fundamental, así como en los diferentes niveles de adopción en relación con las competencias digitales de una persona.

Esta brecha refleja las disparidades sociales, económicas y políticas por sexo, especialmente las diferencias en la educación, el empleo, los ingresos, las responsabilidades domésticas y la movilidad.

El acceso a las tecnologías digitales y su uso facilitan el acceso a oportunidades que de otro modo estarían fuera del alcance de las mujeres, especialmente aquellas de bajos ingresos en las zonas rurales. 

En Malawi, donde alrededor de 1,8 millones de personas viven actualmente en áreas que no tienen ni siquiera una cobertura móvil básica, el Proyecto de Cimientos Digitales (i) y el Proyecto de Aceleración Digital (i) complementario tratan de reducir esta brecha empoderando a las poblaciones rurales, los jóvenes, las mujeres y las niñas a través de un mejor acceso a los servicios y una mayor asequibilidad de estos y la conexión a la información y los mercados.

“Mi nombre es Yilinase Chawinga. Soy emprendedora y dirijo una agencia de marketing digital que ayuda a diversas personas a adquirir habilidades digitales: empleadores, estudiantes y, por supuesto, empresarios”.

Yilinase es una de las casi 20 000 personas en todo el país que han recibido capacitación para mejorar sus competencias digitales. Como parte de este proyecto, recibió capital inicial para expandir su visión de impulsar las habilidades digitales de los miembros de su comunidad.

“Después de esta capacitación, las empresas pueden utilizar las plataformas de redes sociales para promocionar sus negocios. Los estudiantes pueden utilizar las habilidades digitales en el sector educativo y escribir sus tareas en la computadora. La esencia de esto es cambiar la vida de las personas de mi comunidad”.  

Ver la historia de Yilinase

Ampliar el acceso a internet asequible y de alta calidad es crucial para empoderar a las mujeres y abordar las disparidades de género en la economía digital. El aumento de la conectividad digital inclusiva comprende medidas como mejorar la asequibilidad tanto de la banda ancha como de los dispositivos, y abrir puntos de acceso a internet públicos y seguros. Los programas de capacitación digital con perspectiva de género también son fundamentales para apoyar a las mujeres, ya que estos proporcionan contenido relevante para ellas, combaten las normas sociales restrictivas, se focalizan en los conocimientos de las tecnologías móviles y enseñan a las mujeres maneras de mantenerse seguras en línea. En el caso de las personas con habilidades digitales más avanzadas, los programas específicos de alfabetización digital permiten a las mujeres utilizar con mayor eficacia los servicios digitales de alto impacto, como aquellos relacionados con la educación, la asistencia social, la actividad empresarial y los servicios financieros digitales, entre otros.

Energía

El acceso a la energía es un cambio transformador para las mujeres. La capacidad de ellas para educar a sus hijos, dirigir negocios y mejorar su salud y seguridad aumenta rápidamente cuando tienen acceso confiable a la energía. 

Sin embargo, muchas zonas rurales suelen carecer de este acceso confiable a la electricidad o las tecnologías limpias para cocinar, lo que afecta desproporcionadamente a las mujeres. Alrededor de 675 millones de personas no cuentan con conexiones a luz eléctrica en todo el mundo y 2400 millones no tienen acceso a formas limpias de cocinar (i). Al no tener energía fiable, las mujeres dedican más horas a tareas como recoger agua y leña o preparar alimentos, y les queda menos tiempo para estudiar o trabajar. El acceso a la electricidad o a cocinas menos contaminantes podría aliviar significativamente estas cargas, permitiendo a las mujeres tener una mayor calidad de vida, por ejemplo, podrían buscar oportunidades laborales o iniciar sus propios negocios.

Para responder a este desafío, Misión 300 (i), una iniciativa conjunta del Grupo Banco Mundial y el Banco Africano de Desarrollo (BAfD) que cuenta con el apoyo de distintos asociados, está ayudando a ampliar el acceso a la electricidad para 300 millones de personas (muchas de las cuales son mujeres y niñas) en África de aquí a 2030.

Este proyecto, que se centra en el enfoque dual de conectar a las personas a la red y ampliar los sistemas de energía renovable distribuida —como minirredes y sistemas autónomos de energía solar—, está acelerando la transformación del sector energético de África, empoderando a las comunidades locales a través del acceso inclusivo a la energía, en particular para las poblaciones marginadas y rurales, y promoviendo formas limpias de cocinar, que generan enormes beneficios para la salud de las mujeres y las niñas.

Las mujeres y las niñas pasan un promedio de 50 horas cada semana buscando leña, cocinando y recolectando agua.

A nivel mundial, eso supone 200 millones de horas cada día.

La experiencia de Surjmani Devi, una madre de Bihar (India), muestra cómo una tecnología simple puede mejorar drásticamente la calidad de vida. Ella y sus hijos se vieron afectados por la contaminación del aire en su vivienda, producto del uso de una estufa de leña tradicional.

“La estufa de arcilla consumía mucha leña y perdía mucho tiempo; el humo también dañaba [nuestros] ojos”, dijo. “Los niños no podían estudiar; tenían que sentarse afuera debido al humo”.

“El humo oscurecía las paredes y toda la casa”.

Un proyecto piloto respaldado por el Banco Mundial (i) cambió su vida. Ahora, gracias a una cocina a gas proporcionada por un mercadillo administrado por mujeres que vende cocinas y otros productos de energía limpia, puede cocinar de manera más rápida y menos contaminante, y a un costo menor.

“La salud de toda la familia ha mejorado”, señaló.

Vea la historia de Surjmani

El Programa de Asistencia para la Gestión del Sector de Energía (ESMAP) (i) también pone énfasis en soluciones energéticas que tienen en cuenta el género (i), reconociendo que para lograr la igualdad y el empoderamiento de las mujeres es necesario ampliar los esfuerzos en los ámbitos de la toma de decisiones, la participación económica, la prevención de la violencia doméstica y la participación femenina en la fuerza laboral. Las iniciativas del ESMAP para reducir la brecha de género en el ámbito de la energía muestran la importancia de la participación de las mujeres en proyectos de energía renovable y el acceso a energías modernas.

Los proyectos energéticos deben responder a las necesidades específicas de las mujeres al permitir que los hogares transiten de fuentes de energía poco confiables a soluciones modernas y sostenibles. El sector puede empoderar a las mujeres, mejorar los resultados de salud y fomentar el crecimiento económico inclusivo centrándose en políticas y prácticas con perspectiva de género.  

De cara al futuro

La infraestructura inclusiva impulsa la productividad, mejora el acceso a la educación y promueve el empoderamiento económico. Además, permite a las mujeres ejercer su capacidad de decisión en asuntos vitales y contribuye al crecimiento macroeconómico. Los países que priorizan la infraestructura con perspectiva de género obtienen beneficios significativos, para todos sus ciudadanos, independientemente del género. La infraestructura que ha sido diseñada teniendo en cuenta la inclusión no solo es justa: sirve como un poderoso motor para impulsar el potencial económico y el crecimiento sostenible.

Los empleos en áreas como la construcción, el transporte y la energía pueden posibilitar el empoderamiento económico de las mujeres. La ampliación de las oportunidades en estos campos aborda la escasez crítica de mano de obra, fomenta la innovación y garantiza que los proyectos de infraestructura incluyan perspectivas diversas.  

Cerrar la brecha de género en el ámbito de la infraestructura no es solo una cuestión de justicia, sino también un esfuerzo para liberar todo el potencial de la mitad de la población mundial. Es hora de construir un futuro que beneficie a todos.

 

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